SONETO PARA FELICITAR EL AÑO NUEVO
Levantemos la copa por los vivos,
por aquellos que amantes de la tierra
en el terrible infierno de la guerra
desterrados se ven, se ven cautivos.
Amor es la palabra, amor escribo,
y al escribirlo el alma se me aterra
por si no crece amor y nos destierra
al sendero fatal de lo inactivo.
Levantemos la copa, porque el año
que nos visita y crece quiebre el daño
de tanta sinrazón, de tanto dolo;
que en esta desazón de mundo herido,
pleno de soledad y denso olvido,
hasta el Niño que nace, llora solo.
NACIMIENTO Y TRÁNSITO
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El mar baña tus pies
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Núcleo bizantino
Mueves, por un
instante, la garra del león., |
Desde el Egeo al
Ponto literarios, Homero
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INTERROGANTE
Homenaje a BENJAMÍN
PALENCIA, No desviéis la luz. Por la mirada el color le penetra tan activo que necesita el sol, el sol más vivo, alumbrando su frente ilusionada.
A través de la fuerza, armonizada,
la música -en color- es su objetivo:
violines de amor, para el motivo de cuerpos hechos nota cultivada.
Las dos figuras son, en el paisaje, un concierto de Mozart, un anclaje donde crece el espíritu en su forma.
Benjamín transparente, ¿recordaste la llanura y su luz cuando trazaste, sobre el lienzo, tu sueño como norma? Del libro "Dolor de ausencia" |
OS PODRÍA DECIR
que vine de la nada, que me traje, en mi vieja maleta, el equipaje de infantiles recuerdos, y en mi mente
apenas una luz incandescente conque alumbrar pensaba entre el boscaje de la humana maleza, y que mi viaje resultó sin suceso trascendente.
y que ya estoy aquí, que ya he venido, y que estoy con un alba de ilusiones, pero que no temáis, yo soy nobleza,
yo tengo el corazón amanecido entre rosas, e ignoro de traiciones porque brilla una luz en mi cabeza. De "Al borde casi" |
FELICIDADES
Felicidades siempre, amigos míos. No porque nazca un Niño que, hombre luego, con el poder del Padre, salvar al mundo pretendiera vayamos hoy, nosotros, a teñir las palabras con una hipocresía irreverente.
Felicidad constante y para todos aquellos que en la tierra semillas diseminan de esperanza. Ya veis que ni Él siquiera pudo hacer de la armonía un Universo como su esencia predicara. Pues otros hombres, digamos que eran hombres, quebraron del camino su andadura.
Jesús es niño siempre. Siempre que por la Navidad se asoma a los balcones es un Niño / Ilusión; hombre que, tras la cena, otro Jueves de Pascua, le abatieran el sueño más humano.
y nadie, sólo Él, como el hijo de Dios, salvarse puede.
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Los demás somos hombres: hombres sólo, indefensos y frágiles mortales que, ya en la aurora, sueñan luminarias de sol y de concordia. Hombres para quien pido la paz y la esperanza, no el estruendo de bombas terroristas ni las guerras de aquellos poderosos (o suicidas) que fomentan la arteria del vampiro, mientras cruzan mensajes de paz, porque haya un Niño/Dios que simbólicamente viene al mundo la noche que llamamos Nochebuena.
La paz, ahora y siempre, compañeros. Nicolás del Hierro, 2006/07.
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Toda la soledad es tuya
Luna que pudo ser de plata
Tiene la noche un color de detritos y de rabia, una diadema ungida con nimbos y corolas; transparentes, fugaces, las estrellas, el asfalto combinan con la niebla de las piedras mordidas: una larga pared, un enturbiado ritmo pone cerco a la desesperanza y al misterio, al desdoblado espíritu del simio y su impaciencia. Tiemblan tus manos ateridas desde un brillo metálico de acero, desde un humo, todavía enfundado. La palabra -exigencia- zarza y espina advierte, temor impone a la tambaleante rosa. Agua, prisa para el dolor, nervio apenas dominado. |
Es la hora imperfecta, la desazón ardiente donde el cimiento inicia un peregrino andar de contratiempos. La noche descompuesta y sucia por tus manos, quiebra el reflejo de una luna que pudo ser de plata. Intuyes, pávido, la impotente lujuria de las horas, el miedo contenido: galerías, oscuras galerías a tus ojos se ofrecen. Inmaduro a la vida, tallo quebrado, tiemblas. Pobre nivel de escarcha, el alba te recubre de alondras y de gallos, de lánguidos cipreses. Amas desde la sinrazón; desde la duda que la exigencia ajena puso en ti, odias: lloras, en el desasosiego de tu nada.
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Lejana presencia
Tu eco
Hablo, y tu eco sólo
parece es el que llena,
con su recuerdo, el ámbito
que me circunda;
sólo
mi palabra florece
cuando mi pensamiento
se torna adolescente,
cuando el ayer, tu ayer
y el mío, se proyecta
desde un tiempo futuro
hasta las impolutas
sonrisas de la infancia:
Hablo, y eres tú sola
quien domina mi verso.
UN ALBA PRESENTIDA
Hoy me laten las sienes desde el pecho: son los altos valores de mis extrañas nubes, los devoradores cipreses de mi mente.
Ignoro si me duele la materia de mi yo o si golpean en mi espíritu angelicales vírgenes de ensueño. Debía no sufrir, sentirse lleno de un alba presentida, enamorado, lanzarme a las alondras de mi vuelo, escribir y soñar, saberme firme, nimbo de sol y espuma, contrapunto de su lejana ausencia y mi recuerdo. |
Hecho contraste, Dios, siembra un plural sentimiento de luz y de tiniebla sobre el núcleo solemne de mi sangre: no sé si soy la espuma o el relámpago. Te estoy soñando, amor, te estoy amando con el símbolo puro de las flores, como cuando de niño me asomaba a la luz y trenzaba mariposas en el brillo del agua y las estrellas. Me crezco y me deseando, me diluyo. Gigante soy. Te pienso, te imagino cercana a mí, y el universo-mundo se me queda pequeño y diminuto:
son las castas gaviotas del amor que prolongan su vuelo hasta mi playa. (1984) |
MIENTRAS LLEGA LA LUZ
La noche es como un largo, insoportable miedo: toda la sangre, toda la desazón se agolpa en el punto más denso de la oscuridad; graba su penuria de sombras.
Ni el alma vence.
Pájaros de grandes alas grises describen, con su vuelo, el olvido y la fiebre. Ni siquiera soñarte puedo: mis sueños son lagunas, manchas óseas; es más largo el camino que mi fuerza de andar. |
Inquebrantables lunas, opacas, descomponen mi poder creativo; vuelvo a la nada, al mundo de las profundidades y naufragios, al páramo de los sin sol: mi noche es una larga ausencia del pensamiento, un mar donde mis ensueños bogan.
Casi con ansia espero la luz, para crearte.
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Esperanzado
Aguardaré en el campo de la espera hasta encontrar la luz, hasta que pase el viento de la duda, hasta que amase la máquina del tiempo su quimera.
Nunca abandonaré mi sementera; he de esperar tranquilo, aunque me abrase, aunque el fuego del mal de mí dejase el tímido rescoldo de la hoguera. |
Y esperaré seguro, silencioso, en el ir y venir de este mutismo, hasta que haya una luz en cada frente;
hasta que, todo a punto, presuroso, escape del vacío de mí mismo para vivir mi sueño eternamente. |
El latir del tiempo
He vuelto a aquel lugar donde los sueños
se crecían
al filo de la tarde
cuando yo era muchacho; donde el tiempo
nos ponía la luz en la mirada
para seguir sintiéndonos viajeros
en la ilusión más pura de la infancia.
He vuelto a aquel lugar, y mi recuerdo
conservaba el latido inamovible
de aquel suave camino, de aquel juego
que era sentirnos hombres y asomarnos
al humo y la brisa para hacernos
crecer en la distancia de la rosa.
He vuelto a aquel lugar. Pero el recuerdo
es sólo una conquista en la memoria
donde quiebran los ángeles su miedo.
Se han roto las diademas y se han ido,
con el paso del tiempo y por el tiempo,
las rosas a otros mundos y las piedras
se han unido al crecer de los silencios,
convirtiéndose en nada. La memoria
se ha roto con el choque y se ha deshecho,
porque el latir del tiempo es una garra
que no perdona ausencias. Imperfecto,
el humo del ayer se nos deshace,
desmelena el brotar de los misterios
y se quiebra en la tarde como un lirio.
Cambia el perfil del aire. Triunfa el juego
del hoy sobre el pasado y se convierten
en brisas que acarician los recuerdos...
He vuelto a aquel lugar, he vuelto al punto
donde suman los ángeles su sueño,
y, a mi paso, se le ha roto una estrella
al íntimo rincón de mi cerebro.